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LOBOS: REAPARICIÓN EN ESCENA

Tras décadas de persecución, la población de lobos se estabiliza en España para regocijo de conservacionistas y desgracia de ganaderos

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HERMANOS RUÍZ DÍEZ
Tres lobos jóvenes se dirigien, al amanecer, hacia el encame, en las montañas palentinas de Fuentes Carrionas
 

Hubo un tiempo, hace ya más de un siglo, en que el lobo era el mamífero más ampliamente distribuido sobre la Tierra. Se lo podía encontrar en México, en Afganistán, en el norte de Europa y por supuesto, en España, donde una subespecie más pequeña que el lobo común, el Canis lupus signatus o lobo ibérico, ocupaba prácticamente todas las zonas del país. Su habilidad para hallar comida, desde alces a conejos pasando por basura urbana, contribuía a su dilatada presencia.

Sin embargo, en las últimas décadas, la persecución sufrida en varios países provocó que, en los años 70, la población mundial se redujera en un tercio. Y especialmente en Europa, donde el lobo desapareció de países como Austria, Dinamarca, Bélgica u Holanda. En España, siguió un recorrido similar. «La ley de 1902 lo consideraba un animal dañino», recuerda José Luis Garrido, de la Federación de Caza de Castilla y León, región que acoge al 60% de los lobos ibéricos de la Península. «No solo permitía su caza durante todo el año, sino que premiaba con 15 pesetas cazar un lobo y 20 pesetas una loba. Además, se permitía su envenenamiento con estricnina». En 1953, Franco introdujo la figura del alimañero, guarda de caza encargado del control de depredadores como el lobo o el águila imperial.

Fueron los momentos más difíciles para una especie que, con la llegada de la democracia, volvió a recuperar poco a poco sus hábitats de antaño. Para regocijo de ecologistas y cazadores, pero también para desgracia de los ganaderos, hoy, diez años después de la Estrategia para la conservación del lobo en España, el lobo ibérico vuelve a ocupar, por ejemplo, la sierra de Guadarrama que llevaba casi medio siglo sin pisar.

 

¿Qué hacer con el lobo ibérico?

Junto a otros actores, Garrido participó hace unas semanas en una enconada mesa redonda sobre el lobo ibérico a cuenta del Congreso Nacional de Medio Ambiente y la siguiente pregunta: ¿Qué hacer con el lobo ibérico?

En España, el río Duero marca el límite que señala al lobo como especie cinegética al norte, o protegida, al sur. «Ahora mismo han colonizado el noroeste de España», dice Garrido, «tenemos lobos en todas las comarcas de Castilla y León excepto en dos». Las cifras de la Administración señalan que el lobo ha pasado de las 149 manadas de 2001 a 173 en 2013 en Castilla y León. En total, se calcula que hay entre 2.500 y 3.000 ejemplares en España, de los cuales el 90% está en el noroeste de la Península.

Alejandro Ruiz Díez, autor junto a sus hermanos Ricardo y José María de «Tres Clanes: El lobo ibérico en alta montaña», libro de reciente aparición que relata sus más de 20 años siguiendo al lobo en las montañas palentinas de Fuentes Carrionas, explica a ABC que «es verdad que, en los últimos años, el lobo está colonizando áreas donde hacía décadas que había desaparecido, lo que pasa es que estas colonizaciones, muy importantes para la expansión de la especie, se tratan, en la mayoría de los casos, de lobos errantes». Por tanto, para este autor «no es del todo real que se estén estableciendo en esas zonas donde históricamente habían desaparecido, lo que nosotros creemos es que están apareciendo pero todavía no se están estableciendo ahí».

Para Ruiz Díez, esto guarda una relación directa con los ataques al ganado. «En los casos que conocemos nosotros, al ser una mayoría de lobos errantes y al no tener el apoyo de un grupo establecido, pues ocasionan daños al ganado doméstico, ya que al ser dos o tres lobos, no tienen la posibilidad de atacar a un ciervo o a un jabalí. Entonces claro, esos lobos dan generalmente muchos problemas y acaban por eliminarse», señala.

La tesis de los autores del libro, agentes medioambientales para la Junta de Castilla y León, es que, a diferencia de los lobos errantes, en las manadas de lobos establecidas durante muchos años, «los ataques al ganado son muy puntuales porque la manada tiene los suficientes ejemplares, de cinco a ocho, para derribar un ciervo o un jabalí», dice Alejandro Ruiz Díez.

 

 

Tiene que haber lobos en España

Los criadores de ganado, sin embargo, no son tan proclives a dejar pasar el tiempo necesario hasta que se asiente la manada. «Si no hay alternativa trófica en el monte, el lobo se va a comer al ganado», cree Juan Antonio Valladares, presidente de la Federación Española de Pastores. «¿Tiene que haber lobos en España? Sí. ¿Tiene que haberlos en todos los lugares y a toda costa? No», dice rotundo Valladares, «no se puede ignorar tan alegremente al paisanaje».

La administración en Castilla y León defiende también el control de población del lobo, por medio de cacerías o batidas. Según José Ángel Arranz, director general de Medio Natural de la Junta, «el lobo tiene un estatus legal complejo, ya que es una población que se ha extendido y que al pasar el río Duero pasa a estar protegida. Nosotros entendimos que como gran carnívoro que es, el tratamiento que debíamos darle era a nivel no individual sino de población». Una manada formada por unos cuantos lobos puede ocupar un área de 100 a 1.000 kilómetros cuadrados. «No es una especie amenazada pero tiene gran fragilidad», dice Arranz, «por su singularidad y movimientos teníamos que controlar los patrones de expansión para evitar conflictividad con los intereses humanos».

He aquí la principal fuente de conflictos. Para los cazadores, «la caza, prudente y con densidades que lo permitan, amortigua la crispación social que provoca el lobo, atempera el malestar», dice Garrido, «las poblaciones de lobo permiten extracciones de hasta el 35% según los científicos».

Por su parte, los hermanos Ruiz Díez creen que «hay que tener un poco de cuidado en ese sentido porque claro, lógicamente, cuando el lobo coloniza un territorio, los primeros años siempre va a dar problemas y ocasionar daños a la ganadería», dice Alejandro Ruiz, «pero también es verdad que si matamos a esos lobos errantes no vamos a tener la posibilidad de comprobar si una vez establecida la manada va a ocasionar daños o no».

La clave para reducir la conflictividad entre lobos y humanos estaría en compensar justa y rápidamente al ganadero. «Es importante que los primeros años de convivencia con el lobo se paguen los daños de manera rápida y se incida en medidas de protección del ganado con mastines, pastores eléctricos o mayor protección de las cabezas recién paridas», dice Ruiz Díez. Y no sólo pagar de manera rápida, sino con menos trámites burocráticos, «y tener en cuenta también no sólo el daño ocasionado, como la pérdida de un ternero, sino también el perjuicio de haber perdido ese ternero, el estrés que genera en los otros, que dejan de comer, todo eso hay que pagarlo porque el ganadero no debe acarrear con las culpas de que el lobo exista».

 

 

Pagar los daños con rapidez

«No sabemos por qué se tarda dos años en pagarle al ganadero por unas ovejas», dice Luis Miguel Domínguez, presidente de la asociación Lobo Marley, para quien «no se puede ver a esa joya de la naturaleza ibérica como a un despojo cinegético». Recientemente, el pasado día 29 de diciembre, esta asociación se lanzó al monte, a la zamorana Sierra Culebra, para destruir casetas de madera desde las que, aseguran, se disparaba a los lobos que cruzaban la frontera hispano-portuguesa, algo prohibido bajo la Ley de Caza de la comunidad autónoma. «El Seprona, año tras año, denuncia cebaderos ilegales para matar lobos y la Junta de Castilla y León no hace caso», dice Domínguez.

Es otra de las aristas provocadas por la expansión de esta especie. Sin embargo, la sensibilidad hacia el lobo ibérico, esa antigua alimaña, está cambiando «especialmente en áreas urbanas, donde es mucho mayor», matiza Ruiz Díez, «en áreas rurales cuesta más y sí que ha habido un pequeño cambio, pero aquí toda la gente vive del ganado, de la caza, del monte... y el lobo ha estado aquí toda la vida y siempre se le ha visto como unproblema».

Estos hermanos siguieron las huellas de Félix Rodríguez de la Fuente, un pionero en ver al lobo ibérico con la mirada del siglo XXI, y se lanzaron a la sierra para seguirlo a través de sus huellas, sus marcajes, sus lugares de encuentro. Día tras día. En su pueblo, Ventanilla, no se entendía que los hijos de un ganadero siguieran al lobo para hacerle fotografías.

Hoy se comprende mejor, y más después de que los Ruiz Díez lograran fotografiar por primera vez un lobo ibérico blanco. «Es una rareza, nació en uno de los clanes que seguíamos, y era blanco, que no albino», precisa Alejandro, «una preciosidad de lobo».


Fuente: www.abc.es


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